domingo, 27 de octubre de 2013

Cuando el que pide algo consigue lo que quiere, ¿deja de pedir?

Últimamente asisto al auge de una lógica extraña: la idea de que el independentismo se reduce haciendo concesiones.

En principio no entro a discutir las razones del independentismo ni las del unionismo. No es momento y ya voy un poco cansado del tema, y más aún de que alguien trate de imponerme una agenda de debate. Imponer los ritmos, las agendas y los tiempos es una forma de dominio que no estoy dispuesto a permitir, ni a este tema ni mucho menos al Gobierno, con sus cortinas de humo.

Lo que tengo claro, en cualquier tipo de negociación, sea esta personal, política, laboral o deportiva, es que las concesiones no detienen la reivindicación sino que la alimentan, generando una mecánica perversa de incentivos y frustraciones.

He tenido perros y he tenido niños y, de veras, les juro que el trato respetuoso no se consigue haciendo caso a las peticiones por el simple hecho de que surjan, sino negociándolas en forma de "quieres algo y das algo a cambio". Una concesión unilateral, de lo que sea, se interpreta la mayoría de las veces como una muestra de debilidad de quien concede y es una invitación a repetir, a reiterar y a recrudecer las peticiones para el futuro, apoyándolas en ese precedente. Y es normal: si ya funcionó una vez, ¿por qué no va a funcionar de nuevo? O aún peor, si pidiendo puedes ganar algo pero no vas a perder nada, ¿a qué esperamos para pedir?

Por todo ello, siempre he creído que la raíz de la mendicidad, y me refiero a la mendicidad organizada como delito, y no a la pobreza extrema no tiene su origen en las mafias que emplean niños como mendigos forzados, sino en la gente que da limosna a alguien que lleva un niño dormido en brazos.

Y en el resto de las cuestiones pasa más o menos lo mismo. Por ello, y como regla general, creo que cualquier petición que no implique un coste en sí misma, debe ser rechazada. Aunque sólo sea pro aquello de exigir una mínima seriedad y escapar de la mecánica del "si cuela, cuela".

Creo que lo correcto es "si cuela, cuela; pero si no cuela, pringas". Robar carteras o salir de ligue funciona así, más o menos, ¿no?

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