martes, 22 de octubre de 2013

La encerrona de los números gordos

Tranquilos que no voy a hablar de marcianos. Os lo juro. Quizás al comenzar a leer cuando entre en el tema pueda parecerlo, pero doy mi palabra de que no es así. No soy tan friki.

Quiero hablar solamente de que a veces nos burlamos de esas tribus africanas donde su sistema de numeración consta de cuatro cifras (uno, dos, tres y muchos), y nosotros, en realidad, nos perdemos también con toda nuestra ciencia y toda nuestra lógica en el manejo de número grandes.

Porque lo cierto es que a partir de ciertas cantidades no distinguimos las variaciones. Un ejemplo típico son las manifestaciones, donde la diferencia entre cien mil y trescientos mil asistentes es una cuestión de las fuentes que se manejen. O al calcular el peso de una roca, que damos igualmente por bueno si decimos que pesa ochenta toneladas que si decimos que pesa trescientas. Simplemente sabemos que pesa MUCHO y no somos capaces de concretar más.

En ese sentido, hay un dato curioso respecto a la gran pirámide de Keops que muy rara vez se menciona y que nos sirve perfectamente para combinar dos MUCHOS. El de muchas piedras y mucho tiempo, y que si se para uno a verlo de cerca salta a la vista que algo falla. Lo explico, sin marcianos y sin chorradas.

Según la Wikipedia, y otras muchas fuentes, la gran pirámide de Keops está formada por alrededor de 2.300.000 bloques de piedra. Según estas mismas fuentes, el peso medio de cada piedra es de dos toneladas y media, aunque hay bloques de más de sesenta toneladas.

Tranquilos, que no voy a volver al viejo tema de cómo las pusieron allí.

Según las fuentes de la antigüedad, se tardó veinte años en construirla, y según fuentes más modernas, veintitrés años, que es los que duró el reinado del emperador Keops, o Jufu, como se le llama actualmente. Vale.

O sea que son muchas piedras puestas en mucho tiempo. Vale.

¿Y si echamos un vistazo a las cifras?

Un minuto, son sesenta segundos. Una hora, son 3600 segundos. Un día son 86400 segundos. Un año, entonces, son aproximadamente 31.536.000 segundos. Por lo tanto, 23 años son alrededor de 725 millones de segundos. Si dividimos estos segundos por el número de pedruscos gigantescos, nos sale que hay que poner una piedra cada cinco minutos y quince segundos, y eso trabajando veinticuatro horas al día, todos los días del año, cuando sabemos que de noche no se solía trabajar.

¿De veras creemos que ponían uno de esos mastodontes cada cinco minutos? Todos los ingenieros con los que he hablado me dicen que ni de puñetera coña, sobre todo si hay que ajustarlas hasta la precisión con que están allí ajustadas.

Por lo tanto, como las piedras son las que son, hay que pensar que el tiempo lo hemos calculado mal y que a lo mejor se empezó mucho antes o se acabó mucho después de lo que se dice.

Esa, me parece, es la lección que tenemos que extraer para calcular los asistentes a una manifestación o las cifras que nos da el Gobierno en los presupuestos. Detenerse, convertir los números grandes en pequeños, y ver si cuadran.

Cuando el Gobierno da las cifras de ingresos de la Seguridad Social, ¿a alguien se le ha ocurrido, por ejemplo, dividirlas entre el número de cotizantes y ver a cuánto sale? Pues eso...


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